Contigo Somos Once
María José Vela: "Soy una currante del arte y la discapacidad no es barrera ni límite para sentir el cante"
Es la primera cantaora flamenca y saetera ciega que canta con intérprete de la Lengua de Signos
Emoción y magia. Lleva toda una vida rompiendo normas. Nació en Sevilla, con tres días voló hacia Holanda donde migró la familia; y cumplió los cuatro años en la tierra de los tulipanes. Allí le hicieron pruebas diagnósticas, resolvieron que su ojito izquierdo “estaba muerto de nacimiento” y, en el derecho, presentaba un “problema congénito; tenía una discapacidad visual y ya está”, declara sin alarmismos. Ha crecido y superado mil historias pero hoy en día es la primera cantaora de flamenco, afiliada a la ONCE, con un intérprete en la Lengua de Signos que rompe barreras.
Siempre estudió pegándose el papel a la cara, sin ninguna adaptación escolar... “Los médicos le dijeron a mi madre que la mejor opción para mi crecimiento emocional era formarme en colegios normalizados”. De vuelta, a la ciudad andaluza, María José Vela Aguilar creció a orillas del Guadalquivir en San Juan de Aznalfarache. Y con 10 años andaba subida en un escenario con el cuadro flamenco Los Zurita, en Mairena del Aljarafe (Sevilla).
De voz poderosa. Le tira el cante flamenco desde niña, apenas levantaba dos palmos del suelo cogía el ritmo mientras escuchaba todo tipo de música, en cintas casete. Conserva pocas o ninguna imagen de entonces. “Antiguamente a mi me hacían pocas fotos, por el tema de los ojos era como algo reticente...”, comenta la mediana de tres hermanos, que soñaba con ser artista.
En la casa nadie cantaba, a excepción de su prima Patricia Vela que es cantante de copla. Y, por aquel entonces, se miraba en ella... “Me reflejaba en lo que me podía transmitir pero realmente cuando yo empiezo a cantar me siento más identificada con el cante flamenco”, asegura sin acritud.
Conscientes de su arranque y afán por aprender, más allá de ser autodidacta, asiste a la Academia de Baile Flamenco Los Zurita y culmina su formación de canto en la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco, de la mano de Paco Taranto. “Taranto era uno de los cantaores más señeros de Sevilla. Y fue mi profesor, de él aprendí muchísimo. Yo trabajaba para bailar, o sea para cantar... Cantaba para el baile, que es como mejor se aprende”, refiere con orgullo profesional.
Talento y empuje. El aprendizaje de todos los palos del flamenco le abrió las puertas en el arte del tablao. “Me podía permitir trabajar para los demás bailaores en otros cuadros flamencos. Cuando veían que estaba preparada me decían: Oye, María José ¿Tú quieres cantar conmigo? Entonces, me abrió muchísimas puertas para poder ser una cantaora más oficial dentro del mundo del cante flamenco”.
No había cumplido los veinte y vio necesario tener un refuerzo de la ONCE para sentirse aceptada en la sociedad por su discapacidad visual. “Me afilié a la Organización de Ciegos, en ese momento, porque pensé que los necesitaba y efectivamente me enseñaron muchas cosas”, dice. En el colegio Louis Braille hizo un curso de quiromasaje, aprendizaje que nunca llevó a la práctica laboral.
“No encontraba nada que me hiciera feliz, aparte del cante que me gustaba desde pequeña”, parece reflexionar en voz alta. La misma profesora del curso le animó a conocer el sistema de lectoescritura utilizado por las personas ciegas, el braille, pero a María José, aún con un resto visual aprovechable, no le hacía ni pizca de gracia leer con las yemas de los dedos.
Empieza a prepararse para acceder a las oficinas de un gran centro comercial y consigue el puesto de teleoperadora, la ONCE le adapta el puesto de trabajo. Mientras asciende a nivel laboral, compagina el trabajo en los tablaos o escenarios de Sevilla con su cante flamenco. Es una época intensa y feliz. Incluso ha conseguido un permiso del trabajo para tener algo más de tiempo y poder participar en un programa de ‘Copla’, en Canal Sur Televisión, que le hace inmensa ilusión.
Está recién casada. La sonrisa ilumina su rosto. Sin embargo, el viraje de su trayectoria vital va a marcar nuevo rumbo con la muerte de su marido en un accidente de moto. “Yo me casé el 10 de abril de 2010 y el 1 de noviembre de 2010, el Día de Todos los Santos, me quedé viuda”, señala sin paliativos.
Ella actuaba sobre el escenario, en el programa televisivo. Le habían cambiado el día para grabar el espacio de ‘Copla’ y -por tal motivo- no acompañó a su pareja para hacer una ruta motera con fatal resultado. “Gracias a ese cambio, desafortunadamente él está muerto pero yo estoy viva”, dice con un suspiro, que te deja sin aliento.
Toca gestionar las emociones. Ahí se baja del escenario, por primera vez en su vida. Le faltan los ánimos, le flaquean las fuerzas... “subo alguna que otra vez a algún balcón a cantar una saeta, pero otra vez vuelvo a bajar porque los ánimos no están acordes conmigo”. Los sentimientos se agolpan, las actitudes de afecto se transforman y María José se vuelve a enamorar... “fue un duelo muy cortito, en seis o siete meses inicié mi vida con José. Necesitaba aferrarme a una nueva ilusión, a una nueva vida y cogí el tren”.
La habladurías no se hicieron esperar. “Fui muy criticada, degradada... casi apaleada; incluso mi familia me dio la espalda y luego me pidieron disculpas. Todos me dieron la espalda porque quise volver a vivir”, relata con cierto dolor del pasado. Remontó con valentía y su amor ha dado fruto con dos hijas, Marta y Elena, de 11 y 9 años respectivamente.
Y su mundo se vuelve a venir abajo, en 2021, por un desprendimiento de retina en el ojo donde mantenía un pequeño resto visual... “La vida me da otra patada”, resume. Un revés por el que se vio obligada a dejar el trabajo como administrativa. En cuerpo y alma se dedica a criar a las niñas en compañía de su pareja, claro. Poco a poco, se crece ante la adversidad de la pérdida de la vista y hace guiños a su faceta artística de toda una trayectoria vital .
Emocionada nos comparte que su primera saeta la cantó con 15 años, desde el balcón de una amiga, “a la Hermandad Sacramental San Juan Bautista de mi pueblo, que es la Hermandad del Amor de San Juan de Aznalfarache”. Quién le iba a decir entonces que iba a participar cantando una saeta en el primer Pregón Inclusivo de la Semana Santa de Sevilla (en 2026), con la interpretación de su palabra en la Lengua de Signos. “Para mí ha sido la saeta más especial vivida. Yo sentía cómo Cristina (la intérprete de la lengua de signos) iba moviendo sus manos a la vez que yo cantaba. Eso fue para mi mágico e impresionante”, reconoce.
María José se autodefine “curranta del arte”. Si se cae se levanta... Con 49 años le queda mucho por hacer y bien puede seguir demostrando que “la discapacidad no es una barrera ni un límite para sentir y hacer sentir el arte”, concluye.