
Cuidar a los que nos cuidan
Estos días, una carta al director publicada en el diario El País ha dado mucho que hablar. “Las manos que cuidan” era la confesión de una terapeuta ocupacional que contaba su realidad de trabajo con personas mayores con pocas manos: cuando decía a sus amigos su ocupación, le tenían lástima y consideraban que debía ser muy duro; luego, al cruzarse por delante de una tienda de las tradicionales carcasas de móviles, se preguntó cómo podía haber en ella seis trabajadores, cuando solo cinco personas, junto a ella, cuidan a 90 mayores. ¿Valen más las personas o las carcasas, se preguntaba afectada? Las respuestas en los chats, salvo excepciones, llegaban a lo cruel: desde el “es el mercado imbécil” a “haber optado por otra vocación”. En definitiva, no está de moda cuidar. No está de moda estar dispuesto, más aún vocacionalmente, a dedicar tu vida a los demás. Y, sin embargo, a buen seguro podríamos vivir sin carcasa de móvil pero no sin personas capaces de estar a nuestro lado, de acompañar, de cuidar, de ejercer múltiples profesiones que en el Grupo Social ONCE conocemos muy bien y tratamos, ahora y siempre, de cuidar.
Por eso hablamos en este número de cuidar a los cuidadores, algo tan elemental para que todo funcione en nuestra sociedad y también, muy especialmente, en nuestra Organización. Sólo así, como sociedad y como Organización, seremos capaces de cuidarnos entre todos y todas y de recibir aquello que esperamos de nuestros magníficos profesionales, sobre todo en servicios sociales, donde las diferentes realidades personales de los usuarios están siempre a flor de piel y necesitan de todas las capacidades físicas, técnicas y emocionales para dar lo mejor de nosotros.
Trabajadores sociales, técnicos en rehabilitación, psicólogos, educadores, profesores, logopedas y un largo listado de profesionales conforman los servicios sociales de la ONCE: son la puerta de entrada a este paraguas de cobertura social sin igual que tenemos en España las personas ciegas, con sordoceguera o con otra discapacidad. De ahí que el empeño sea rotundo por poner día a día el máximo esfuerzo en cuidar también a quienes nos cuidan, nos va en ello el presente y el futuro.
En este caso, han sido más de un centenar de trabajadoras y trabajadores sociales -clave de conexión entre la ONCE, las personas ciegas, las familias y sus entornos- quienes se han preparado y a quienes hemos cuidado para poder ser mejores: más formación, más herramientas, más innovación, más agilidad, más facilidades para lograr que estos verdaderos agentes de bienestar social estén, ellos mismos, en las mejores condiciones y con las mayores capacidades para irradiar su acción: deben sentirse bien para poder gestionar las realidades díficiles de otras personas, de muchas personas, con independencia de su condición y realidad puntual.
Eso sí, seguiremos insitiendo en el cuidado de nuestros mayores con iniciativas como “El Botón de la ONCE”, del que esperamos se convierta en referencia y apoyo de muchas mujeres y hombres a quienes debemos todo y no debemos dejar solos. Ni a ellos, ni a nuestros cuidadores.