Sedas de colores del Grupo Social ONCE

La mirada de un escolar 

Hay muchos escritos sobre la mirada de un niño o una niña que comienzan citando al Premio Nobel alemán Günter Grass, quien fue capaz de trasladar a palabras un sentimiento que es una realidad: “No hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee”. A buen seguro, se podría incluir otros verbos que podrían equipararse al acto de leer y tendrían el mismo sentido: un escolar que conoce; un escolar que descubre; un escolar que comparte; un escolar que se interesa; un escolar que se acerca....  Porque esta mirada infantil nos aporta una realidad a la que, a buen seguro, no llegan la Inteligencia Artificial o la mirada de un adulto, porque la mirada limpia de más de 130.000 escolares, que conocen, muchos por primera vez en sus vidas, una realidad social como la discapacidad, da como resultado una respuesta limpia, fresca y sin filtros. Y genera un recuerdo para toda la vida en estos pequeños y pequeñas que, a buen seguro, recordarán siempre su primera referencia y cómo se pusieron en la piel, los zapatos y hasta los calcetines de las personas con discapacidad para darnos, ellos sí, una lección de compromiso y de empatía sin igual.

Esto es exactamente el Concurso Escolar ONCE, uno de los más decanos de la historia de nuestro país, que nacio, permanece y continuará con un único objetivo: que nuestros estudiantes más pequeños conozcan la realidad de otras personas que, siendo iguales, también son diferentes y diversas, las personas con discapacidad; y que se pongan en su lugar, que compartan, que piensen y que, de la mano del profesorado -como en otras tantas cuestiones- puedan crear ese imaginario colectivo que nos conduzca a una sociedad inclusiva y mejor para todos y todas, la ciudadanía de la igualdad y los derechos a la que aspiramos.

De esta forma, ni más ni menos que 135.000 escolares, de la mano siempre necesaria de más de 2.700 maestros y maestras, con el apoyo documental, atractivo y accesible de una iniciativa como el Concurso Escolar ONCE, vuelven a darnos una lección de inclusión; son capaces de parar un segundo incluso sus móviles, sus prisas, sus tiempos acelerados, para pensar en otras personas y buscar soluciones que mejoren la vida de otras personas; esto sí que es una lección de vida, la misma que ya acumulan, en los 42 años del más decano de los concursos escolares en España, más de 6,5 millones de ciudadanos, que en algún momento de su niñez han realizado esta actividad y participado en este Concurso que, ahora, y en muchas ocasiones, ven con ilusión en la participación de sus hijos e hijas.

Accesibilidad, inclusión, amistad, compañerismo, ponerse en el lugar del otro, empatía, cariño, eliminación de barreras... son algunos de los aspectos por los que han circulado los menores, con iniciativas como el mapa de las calles más soleadas, o las más frescas; el olivo de los sentidos, capaz de regar con su aceite y sus aceitunas a todos por igual; las experiencias táctiles que permiten compartir y tocar sin límites; o hasta una prenda que regala abrazos por doquier, no se nos ocurre algo mejor. Son solo alguna de las ideas que los pequeños han propuesto para un mundo más integrado, más compartido y con más derechos para todos y todas, toda una lección de presente y de futuro.

Y no podemos cerrar estas líneas sin agradecer el esfuerzo de los docentes. Todos tenemos algún maestro o maestra al que recordamos, que nos abrió el mundo a la ciencia, al deporte, a la literatura o a cualquier detalle que ha marcado nuestro futuro. Sin su labor e implicación para hacer llegar al alumnado estas primeras pinceladas de una realidad social, la de las personas con discapacidad, nada sería posible. De su mano este Concurso Escolar camina seguro y firme ahondando en una ciudadanía mejor cada día, porque nace de un sentimiento generado en la infancia, en la etapa donde todo queda y se recuerda. Porque nada hay más perturbador y emocionante que la mirada de un niño o de una niña, la mirada que nos da, sin pretenderlo, lecciones de futuro y nos enseña a mirar a las personas, sin adjetivos. La mirada de un escolar.
 

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