Sedas de los cuatro colores del Grupo Social ONCE

Emoción cómplice

En ocasiones, basta con echar una ojeada a la prensa para conocer una realidad, especialmente si todos o casi todos los medios coinciden en los enfoques y en reflejar lo más destacado de un evento. Este hecho -cada vez menos común- ha ocurrido estos días con la visita de la infanta Sofía a la Escuela de la Fundación ONCE del Perro Guía en Boadilla del Monte (Madrid), donde pudo comprobar en directo el minucioso proceso de formación de un pequeño cachorro para ser “mucho más que un perro” y convertirse en los ojos de una persona ciega. “El ´momentazo´ de la infanta Sofía jugando con cachorritos en el suelo”, titulaba la revista “Hola”; a lo que Lecturas añadía “Caricias y complicidad: la imagen más natural de la infanta Sofía entre perros guía”; “La infanta Sofía protagoniza un tierno momento con cachorros de perros guía de la ONCE”, reiteraban varios medios citando a la agencia Europa Press; “La infanta Sofía inaugura el nuevo complejo clínico y la ´guardería´ de cachorros de la Fundación ONCE del Perro Guía”, otro enfoque que logró la atención de varios medios más desde la agencia Servimedia; y el diario ABC, experto en estas lides, resumía: “La infanta Sofía, entre cachorros que un día serán los ojos de personas ciegas”.

Todos ellos trasladaron las sensaciones y, sobre todo, las emociones, de una joven de 18 años -que no se nos olvide-, la infanta Sofía, al acercarse y descubrir la historia verdaderamente minuciosa y entrañable a partes iguales que representa el proceso de formación de un pequeño cachorro -que pudo achuchar- para convertirse en un extraordinario perro guía -que pudo ver cómo trabaja-. Lo recoge también, con la misma emoción y naturalidad, otro reportaje de la glamurosa revista Vanity Fair, en su edición española, que titula “¡Ay, por favor!: la infanta Sofía, tímida ante la expectación, juega con cachorritos para promover la acogida de perros guía para personas ciegas”, un enfoque que refleja con una expresión muy directa, entendible, cariñosa, sentida, cercana y joven, la realidad que representa un momento, el sentimiento de conocer la calidad de vida, el bienestar y la labor que se realiza con esos cachorritos que tuvo en sus brazos.

Porque el perro guía de la ONCE es mucho más que un perro, es un compañero amable y fiel, una puerta abierta que otorga garantías, independencia, seguridad e inclusión a muchas personas ciegas para superar la “jungla” de las calles y de los transportes, especialmente en algunas grandes urbes; y para poder incluirse con normalidad en la vida cotidiana que representa la presencia de personas ciegas con perro guía en la educación, en el trabajo, en la cultura, en el acceso al ocio, en los transportes, en la restauración y en cuantos ámbitos de la vida se nos pueda ocurrir, dado que esa unidad de perro y usuario tiene derecho de acceso a todos los lugares públicos y de uso público.

Y todo empieza en el lugar, el Complejo Clínico y Asistencial, inaugurado por la infanta Sofía, un lugar que se suma a las instalaciones de Fundación para conseguir que estos animales tengan el mejor respaldo y la mejor dotación, física y humana, para lograr ese milagro que cada día se produce en la Escuela del Perro Guía de la ONCE, ese momento en el que un nuevo perro se encuentra con un nuevo usuario con el que va a convivir, normalmente, durante más de diez años, en los que será sus ojos y su compañero o compañera.  Un momento también de enorme emoción que se siente cuando se ve cómo trabajan juntos, como conviven juntos, como caminan juntos. 

Se trata de una labor que la ONCE realiza en España desde hace más de 35 años y que ha logrado situar a la Escuela del Perro Guía como una de las más pioneras del mundo, con intercambio de información y de conocimiento con otros puntos del planeta, siempre atentos a la innovación y a la investigación en un proceso que incorpora muchos pasos, que deben encajar: la selección de los animales; la cría; el paso imprescindible por una familia de acogida (entre los 2 y los 12 meses); el detallado proceso de formación e instrucción que ocupa casi un año más; y el momento culmen del encuentro perro y usuario. Una historia de personas que es también una historia de éxito. Del éxito de casi 4.000 perros que han salido de la Escuela y de los 1.000 que están ahora trabajando junto a su persona ciega por todas las provincias de España. Del éxito de los pequeños cachorros que ha conocido la infanta y que se preparan para ser mucho más que un perro.  Una de ellos será la cachorra de apenas 20 días, labrador negro, a la que la infanta Sofía bautizó como ONA, que en euskera significa buena/bondadosa. Seguro que es un presagio y un deseo de lo que son y representan todos los perros guía de la ONCE para sus dueños y para toda la sociedad.

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